SCRIPTORIUM



Scriptorium | Caminos del lógos. Filosofía actual y crítica de la cultura.
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Notas a vuelapluma que no tienen la categoría de artículos, pero que tampoco merecen perderse (o quizá sí; el tiempo dirá). Un cuaderno de trabajo dentro de esta web, que contiene apuntes rápidos, esbozos de teoría, observaciones informales, etc. Pensamiento en voz alta, a veces simples divagaciones, que quizá puedan ser del interés de algún lector.
  
 
 
[13] A LA DEFENSIVA. Es imposible la convivencia en una sociedad en la que todo lo que a uno no le gusta es tachado automáticamente de "agresión" o "violencia". La gente, sencillamente, ya no sabe convivir, o lo que es igual, ya no sabe vivir (pues no puede haber una cosa sin la otra). Esa actitud es un rasgo propio del infantilismo y la inmadurez. Y lo que resulta de ella no es una sociedad, es más bien un agregado de ermitaños histéricos que no tienen exterioridad a la que huir y por eso huyen hacia una interioridad (normalmente grupal, identitaria) vacía y artificial. [22/8/2022]
 
[12] ARTE Y PUBLICIDAD. Dice una de esas frases que se han convertido ya en un eslogan y todo el mundo repite: «La creatividad sin estrategia se llama arte. La creatividad con estrategia se llama publicidad» (la frase en cuestión es de Jef Richards, que no por casualidad es profesor de Publicidad en Austin). Y cabe preguntarse, yendo un poco más lejos, si gran parte del arte, por no decir prácticamente todo, que viene haciéndose en las últimas décadas quizá el último medio siglo no es sino publicidad. A saber, la publicidad del propio artista, que es realmente la mercancía en sí que se vende. La obra es sólo su spot; ésta nunca es el “fin” de la experiencia estética, sino el “medio” de la misma para un fin no-estético, sino comercial: el artista se ha convertido en un productor de mercancías estéticas que se anuncia a sí mismo a través de éstas. Lo que se vende en el sentido más literal, en esta “era de la reproductibilidad técnica” devenida ahora “era digital”, es su marca de autor; o sea, lo que un publicista denomina branding. El “consumidor” paga por tener algo (objeto, evento, archivo) con su firma cada vez más, en el futuro, probablemente se trate de un NFT o cualquier cifrado blockchain análogo. Un producto considerado, lisa y llanamente, como una “inversión” que se revaloriza para su reventa en función no ya de criterio cualitativo alguno (“Arte”), sino por su mera exclusividad, por su valor como “mercancía única e irrepetible”. En esta concepción capitalista-financiero-especulativa del arte, sin duda alguna, hay una estrategia, es una estrategia: tenemos un nicho de mercado al que la obra se dirige como su target, una segmentación del mismo, y fórmulas bastante estandarizadas de captación y fidelización de la “clientela”. Y ello por no entrar aquí en otra cuestión convergente, la del activismo político que se ha convertido en canal preferente de comunicación con el mercado potencial, y así, en la propia forma reconocible de la obra; una forma que ha terminado devorando todo contenido posible de la misma (por traer a colación esta vez a McLuhan, «el medio es el mensaje»). En resumen, el límite entre arte, ideología y publicidad, así como el que lo separa del diseño el otro eje del “combinado estético” dominante, cada vez está menos claro, si es que hay, hoy en día, algún modo de diferenciarlos. [15/7/2022]
 
[11] ARTE.Escucho decir en una tertulia radiofónica que no se puede hacer arte cuando la realidad se ha roto". Esto, claro está, a propósito de la creatividad artística en las condiciones actuales. Y me pregunto ¿qué quiere decir algo así? ¿Qué concepción es ésta del arte, entendido como cosa propia del Bienestar, como ejercicio ocioso de clases medias que se desahogan de esta forma porque todo les va bien? A lo largo de toda la historia (pero basta con echar un vistazo a los siglos XIX y XX), el artista ha conocido todas las privaciones y penalidades, ha vivido guerras, hambre y hasta el Holocausto, y de ahí han salido algunas de las más elevadas expresiones de eso que llamamos el espíritu" humano (cuya materialización más prístina es, precisamente, el arte). Y esas penosas condiciones han sido, de hecho, las que impulsaban al artista a mostrar algo que se sobreponía a todo ese dolor y miedo, algo que lo vencía, incluso mediante sus más aterradoras y literales descripciones. Pero, ahora, los acomodaticios productores de contenidos culturales" están bloqueados por lo que sucede: la crisis económica, la pandemia, la desglobalización... Sus problemas me parecen muy sintomáticos de la situación en la que estamos, del impasse de Occidente, que ciertamente, como civilización, ya no parece que vaya a dar mucho más de sí. Entiendo que en estos momentos haya grandes impedimentos materiales para la práctica artística, pero incluso un pintor separado de su estudio puede dibujar, llenar hojas y cuadernos de esbozos, de ideas, manifestar, precisamente, lo que ocurre (ahora mismo, mientras está ocurriendo); no digamos ya un escritor (que era el caso del que hablaba en esa tertulia), que siempre podrá hacer su trabajo esté donde esté. ¿Acaso quiere decir que Goya acometió Los desastres de la guerra porque su realidad era fácil y cómoda? Es pasmoso ver hasta qué punto se ha consolidado esa visión del arte como una actividad que, básicamente, nos saca del aburrimiento producido por el exceso de comodidades de nuestro mundo. Una simple rama de la industria del entretenimiento. [15/6/2022]
 
[10] AURA.La edición de obras clásicas de la pintura o la escultura en formato GIF (y otros) está produciendo uno de los efectos artísticos más sorprendentes en mucho, muchísimo tiempo. El arte, al fin y al cabo, tiene que sacudir la percepción, que ya teníamos bastante anquilosada. De repente, las obras recuperan el aura" que, como decía Benjamin, habían perdido; pero la paradoja es que lo hacen precisamente gracias a la reproductibilidad técnica" que, según él, era lo que venía a robársela. Un fenómeno, sin duda, curiosísimo. [24/5/2022]
 
[9] IDEOLOGÍAS. Cada vez tengo más claro que ser de izquierdas" o de derechas" refleja la preferencia de cada cual por que le mientan sobre unos temas o sobre otros. O lo que es igual: ante qué parcela de la realidad se quiere permanecer ciego. Por lo general, porque se es emocionalmente incapaz de aceptarla. [15/4/2022]
 
[8] VICTIMISMO. La gente que siempre está hablando de “ambientes tóxicos”, de la “presión de grupo”, etc., ¿no suele ser la misma que crea ambientes tóxicos, que ejerce presión de grupo, etc., en su entorno, en su centro de trabajo o de estudios? Esa gente que ha hecho del martirio la causa de su existencia y que no deja de llorar porque le hacen la vida imposible por ser “x”, mientras que, a la vez, no deja de hacerle la vida imposible a otros por ser “y”. En su “causa” se adivina la confesión de su propia culpa, de unos mecanismos psicológicos que conocen muy bien, porque no dejan de ejercerlos con terceros a la vez que los denuncian. Lo veo con muchísima frecuencia. Es más, diría que lo veo a diario. Ese jugar con la culpabilidad ajena para ejercer sutilmente formas de dominio es algo que intenta hacer hoy, quizá, casi todo el mundo. Puede que sea tan antiguo como la historia de la propia moral, pero ahora está de moda hacerlo con enorme desfachatez, e incluso está socialmente bien visto. [20/3/2022]
 
[7] MODAS INTELECTUALES.Es tan fascinante desde el punto de vista psicológico, como repugnante desde el punto de vista teórico, ver la pasmosa facilidad con la que muchos se suman a las nuevas (y efímeras: tiempo al tiempo) modas intelectuales para, desde el primer segundo, insultar y despreciar a los que no lo han hecho, como si ellos llevaran allí toda la vida (y como si eso, en todo caso, les concediera derecho a hacerlo). Son más papistas que el Papa; pero, claro, tienen que demostrar públicamente su conversión, que tiene poco de intelectual y mucho de religioso. [12/2/2022]
 
[6] FAMILIA.Si hay algo que las crisis económicas de 2008 y 2020 han demostrado es que, cuando falla todo, incluso la red asistencial del Estado, lo que queda es la familia. Es el cemento que mantiene unidos los ladrillos sociales; fuera de ella sólo quedan individuos solos ante el mundo. Algunos ven en esto la suprema libertad; para la mayoría es simplemente el horror. Por eso el capitalismo, para garantizarse la mayor cantidad posible de mano de obra dispuesta a hacer cualquier cosa, tiene que disolver los vínculos familiares que le sirven de dique de contención. Y lo hace ya sea mediante estrategias neoliberales, ya sea mediante estrategias "progresistas". Cuando el resultado es el mismo, el propósito no puede ser muy diferente. [21/1/2022]
 
[5] CAZA DE BRUJAS.Hay claras tendencias histéricas (sic) hoy en día que sólo se explican porque el fracaso de determinadas luchas materiales ha conducido, como forma de compensación de los derrotados, a la exaltación de lo simbólico, un territorio que abarca tanto el lenguaje como, en general, cualquier forma de expresión y comunicación. Esa histeria colectiva ha activado, como en otros episodios históricos desde la Inquisición al macartismo, pasando por los pogromos, el mecanismo de la caza de brujas, si bien con una novedad: que ya no tiene por qué ser activado por el poder, sino que, en la era de la hiperconexión y las redes sociales, cualquier colectivo puede desencadenarlo sobre otro colectivo o particular. Las cazas de brujas cobran vida propia y se multiplican, espoleadas por las grandes empresas de la comunicación que aunque no estén detrás, o incluso cuando se posicionan contra ellas se están beneficiando del clickbait. Lo simbólico, el “inconsciente colectivo”, se exalta ante aquellas derrotas materiales, y cuando es canalizado en formas adecuadas (cuando no hay una fe, filosofía o proyecto político que organice el descontento), llega a desatarse como tormenta psicosocial que proyecta miedos y amenazas por todas partes, y en consecuencia, produce ansiedad y pánico. Los partidos políticos, de un tiempo a esta parte, se mueven en ese peligroso filo para aumentar sus caladeros electorales, y el fenómeno está ya más extendido y es más incontrolable de lo que seguramente calcularon (o quizá, simplemente, les dio igual). Hay movimientos que pueden ponerse en marcha, pero nunca se puede decidir cuándo se detendrán. [10/12/2021]
 
[4] IDENTIDAD. Lecturas como la del Dr. Fausto de Thomas Mann deberían ser obligatorias a partir de cierta edad (sí, lo sé, estoy pidiendo demasiado). La prolija descripción que hace de cómo el proselitismo cultural de un pueblo el alemán, en este caso, obsesionado con su propia identidad precisamente a causa de la indefinición de ésta, terminará conduciendo a la aparición del nazismo, es muy clarificadora de lo que pasa hoy. Pero, como en La cinta blanca de Haneke, película sutil en extremo, la cuestión no es hacer comparaciones gruesas y simplonas con el propio nazismo; el asunto es entender cómo, décadas antes de que aparezca el chiflado de turno que se aprovecha de la coyuntura y del malestar colectivo para uniformizar a la sociedad y enviarla al desastre (propio y ajeno), hay ya una predisposición sociológica que hace posible algo así. Y ésta tiene que mucho ver con la mezcla de narcisismo y victimismo que se transmite desde la propia familia y la escuela (no digamos ya en un contexto altamente mediático como el presente). Ahí se incuba el rencor, quizá incluso inconsciente, hacia “los otros”, los que “nos impiden ser un pueblo”, “una nación”, o “nos agraviaron en el pasado”; rencor que estallará algún día, más bien pronto que tarde, con cualquier pretexto. Desde el nacionalismo detrás del Brexit hasta el auge de la extrema derecha en Polonia y Hungría, sobran ejemplos en Europa y en el mundo de lo que está germinando de nuevo, claros indicios de que se vuelve a abrir la caja de los truenos. Y no será porque el pasado no nos ha advertido lo suficiente. [10/11/2021]
 
[3] PSEUDOTEORÍAS.Propugnar unos principios éticos que sólo ciertas minorías privilegiadas (de clase media o superior, y sólo en el mundo desarrollado) pueden seguir, y descalificar constantemente a aquellos que no los siguen (porque, aunque quisieran, no podrían permitírselo; y de hecho, si los siguiera todo el mundo, seguramente resultarían desastres de todo tipo), te convierte en a) un ignorante, o b) un hipócrita. Del mismo modo, sostener unos principios intelectuales de los que se pueden deducir consecuencias contradictorias entre sí (esto es, unos principios inconsistentes) quiere decir que dicha “visión del mundo” está necesariamente equivocada; la realidad puede ser agonística, pero nunca contradictoria, salvo en las malas lógicas. O sea, en las malas cabezas. Y esto vale tanto si hablamos de la economía como de la alimentación, la sexualidad, etc. En general, para todos los temas en los que el mero activismo ha sustituido a la genuina teoría de sólidas bases filosóficas. [20/10/2021]
 
[2] ENSIMISMAMIENTO. Para mí es una necesidad practicar, cada vez que puedo desgraciadamente, no puedo a diario, la abstracción intransitiva, el camino del énstasis, del demorarse en el sí mismo, aislado en lo posible de estímulos externos y controlando las representaciones internas (o más bien no dejándose llevar por ellas). Un estado de serenidad que permite limpiar la mente de material superfluo, de distracciones y pensamientos en bucle, de obsesiones y emociones interferentes con el flujo principal de la conciencia. Algo que devuelve, en suma, a un cierto orden y equilibrio que la cotidianidad altera constantemente. Un estado que pasa forzosamente por la soledad, el recogimiento interior, el olvido activo de lo inmediato, el relajamiento físico, el dominio de la respiración, etc. Naturalmente, estoy describiendo una práctica para la que hay otros nombres, más viejos y populares; pero quiero evitarlos, prefiero designarla con estos pedantes tecnicismos, precisamente para no dejarme arrastrar para que quien lea esto no se deje arrastrar por los tópicos y mistificaciones ligados a aquellos nombres.
Cuando se logra esa experiencia (lo que tampoco ocurre en cada intento, pues a menudo la fuerza de las distracciones es mayor), lo exterior, lo sensorial, parece alejarse y la conciencia se enroca en sí misma; pero incluso en ésta cambia algo, en su interioridad, pues la memoria deja de manipular a su antojo las representaciones, que se vuelven erráticas, advienen de forma azarosa, o según extrañas leyes de asociación. No sólo se aleja el mundo (el ente en bloque), sino también ese ente tan familiar que es el propio yo, el cual se aparta como un frágil velo que deja paso al sanctasanctórum de la mismidad: tras él se revela una subjetividad trascendental llamémosla así, en el sentido fuerte de Fichte o Schelling que es uno mismo y a la vez ya no lo es. Es más que uno mismo, es la trascendencia que se eleva desde uno hasta el Uno, desde el individuo particular que soy hasta el lógos que estructura y vincula todas las cosas, el cual en la vida inteligente (como la humana) se hace autoconsciente, si bien opaco a sí mismo. Una vez abstraído todo objeto, hay que abstraer también el “objeto-yo” para liberar el acceso al sujeto puro, a algo que no “está en mí” ni “soy yo”. Al contrario, yo “estoy en ello”, me rebasa; y cuando consigo ese acceso, siquiera por un breve lapso de tiempo aunque éste parece detenerse entonces, vislumbro el orden tras la realidad, el lógos pensándose a sí mismo a través de mí (simple producto evolutivo de dicho orden), a través de un ente: única forma que tiene de hacerlo. Es una experiencia de traspasamiento y claridad, de elevación y pertenencia a algo ontológicamente superior, que no me extraña que haya sido vivenciado por otros por aquello que decía antes sobre las mistificaciones como “lo divino”. Dios es la experiencia del sujeto trascendental en uno mismo, que erróneamente se proyecta como algo “exterior” a mí; a nosotros, los seres pensantes.
No me cabe duda de que si más gente, mucha, la mayoría, hiciera esta experiencia, grandes cosas cambiarían en este mundo. Trascender el ente y el propio yo hacia ese Yo reforma considerablemente la perspectiva y las prioridades de la vida; nos distancia de nuestra pequeñez para acercarnos a algo más grande, algo quizá eterno. Tan longevo, cuanto menos, como pueda serlo este universo. Pero, lo sé, es una experiencia que siempre estará reservada a unos pocos, aunque sea en términos relativos. Y por eso no es asunto de la filosofía objetiva, sino de una filosofía subjetiva de la que sólo pueden comunicarse esquirlas y destellos. [19/9/2021]
 
[1] COMPRENDER(SE). ¿Puede que todo empeño de comprender la realidad sea en el fondo una confesión de debilidad? Ciertamente, el ser humano pretende, a través del conocimiento, controlar sus circunstancias; no existe un conocimiento desinteresado, por lo menos no a largo plazo. La propia curiosidad ya es un rasgo adaptativo. Necesitamos saber para sobrevivir, para ser competitivos, y eso por más que ese afán pueda sublimarse extraordinariamente y, con las necesidades cubiertas y la vida asegurada, se llegue a olvidar el propósito último tras el conocer. Pero, por más que lo olvidemos, sigue ahí, impulsando a otros, generación tras generación; de hecho, eso que está bajo el impulso al saber es lo que homologa sus resultados: tiene que ser útil, aplicable de alguna forma. De una absoluta no aplicabilidad no tendría sentido decir que fuera "verdadera". Por otro lado, un ser que estuviera plenamente por encima de toda preocupación, de toda menesterosidad (¿Dios?), no necesitaría saber nada. No pensaría, ni querría conocer. ¿Para qué? Donde no hay problemas que resolver no surge la inteligencia, que es siempre (como la curiosidad, de la que es hermana) una característica adaptativa. El anhelo de comprensión, la búsqueda de explicaciones, es la medida de lo que no somos, de nuestras aspiraciones insatisfechas; el ideal sobre el que medimos nuestras deficiencias y nuestra insatisfacción. Por eso, lo que valdría para un hipotético ser todopoderoso, irónicamente vale también para los seres humanos más elementales, aquellos tan inconscientes de sí mismos, tan volcados en la pura exterioridad inmediata (como los propios animales), que no quieren saber nada. [3/9/2021]
 
 

 
VIVIR EN EL DESARRAIGO
La transformación de lo humano en el siglo XXI

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Nos hallamos en un momento decisivo de nuestro desarrollo como especie; no un momento simplemente histórico, por tanto, sino incluso evolutivo. Un interregno de cambios vertiginosos y de crisis de inmenso alcance, que amenazan como nunca antes nuestra existencia y hacen presagiar la transformación del ser humano como tal en otra cosa. Por eso la humanidad, que siempre se ha preguntado por su propia naturaleza y propósito ‒ya sea de forma religiosa, artística o filosófica‒, parece recuperar una adormilada preocupación por lo que es y lo que quiere llegar a ser; por la dirección en que quiere encauzar los gigantescos e irreversibles procesos de cambio en que está inmersa, y tras los cuales el futuro inmediato se muestra oscuro y difuso, tras espesas nieblas de incertidumbre.


D. D. Puche
Grimald Libros
Ensayo
(Filosofía, antropología, ciencia y tecnología)
251 páginas  


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