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domingo, 18 de julio de 2010

MIL PALABRAS VALEN MÁS

El dicho sostiene que "una imagen vale más que mil palabras", y como suele ocurrir, la gente lo repite sin pensar muy bien en su significado, pues la sabiduría encapsulada nos libera de la penosa obligación de pensar. Pero no, no vale más una imagen que mil palabras, sino todo lo contrario: éstas siempre valdrán más y serán mucho más importantes para nosotros, en cuanto seres humanos, que la imagen. Ésta la tenemos en común con los animales, atados a la percepción inmediata de su entorno. Exactamente como estaríamos nosotros si la palabra, que es la razón, el lógos, no nos permitiera trascenderlo, ir más allá de nuestros límites sensoperceptivos, para tener no un "entorno" hecho de meras impresiones, sino un "mundo" de significados. La imagen puede significar mucho, se dirá. Pero no. Si lo hace es porque está ya mediada por la palabra, que le da sentido, que le hace ser lo que es; en toda impresión sensible está presente de antemano la categoría, que la organiza y la hace comprensible; si no, nuestra percepción sería un puro caos empírico. Cambiar las mil palabras por la imagen es querer cambiar nuestra racionalidad por la animalidad que se demora en el instante; es querer cambiar lo elaborado por lo fácil, cómodo, inmediato. Y eso es lo que se pretende hoy. No porque lo pida un viejo dicho, evidentemente, sino porque estamos en el mundo de la imagen, de lo instantáneo, de lo ya mascado y digerido por el sistema, que obvia todo proceso superior, toda intelección de la realidad. Un mundo anclado en un eterno presente que no parece ir en ninguna dirección. El mundo del bombardeo de imágenes en el que el texto cada vez es más escaso y superfluo. Por eso hay que recordarlo, frente a la sabiduría colectiva, que es la sabiduría del sistema establecido: valen más, mucho más, mil palabras. Incluso en la era de la imagen, esta época en la que estamos tan necesitados de narración, del discurso que nos permita hilar con sentido no las mil, sino mil millones de imágenes inconexas, caleidoscópicas, que componen el mundo tardomoderno, nihilista, post-humano.