domingo, 21 de enero de 2018

DESENCANTO

 

Las posturas que he mantenido recientemente acerca de una serie de temas "candentes" me han hecho merecedor, no sólo entre conocidos, sino también entre viejos colegas intelectuales y políticos, de comentarios que vendrían a resumirse en que me he vuelto un facha. En fin, qué le voy a hacer; será eso... pero pienso como pienso en relación a cada tema concreto, y procuro justificar mi posición en términos racionales. Eso no quiere decir que no tenga ideología; claro que la tengo, como todo el mundo, sobre todo aquellos que niegan tener una. Y considero que la mía, de hecho, es la de siempre; que yo soy, precisamente, el que no se ha desplazado ideológicamente en los últimos años. Ahora bien, no compro packs ideológicos prefabricados ni me he comprometido a priori con ninguna causa que no resista el más elemental análisis crítico, lo siento. Mi concepto de lo que es ser de izquierdas no pasa por ser un demagogo que, desde un supuesto altar ético que afirma ocupar porque sí, porque uno lo vale (normalmente, porque se mantiene cierta estética), se cree con derecho a ejercer ningún tipo de censura. Para eso ya está la derecha, que siempre (por lo menos en esta parte del globo) se ha caracterizado por su amor al autoritarismo.

Pero últimamente no asisto a ninguna reunión ni participo en ninguna conversación (no digamos ya si son en las redes) en las que cualquier postura que se salga un ápice de la Nueva Ortodoxia no sea tildada automáticamente de fascista, machista, racista, etc. Esos términos (y cualquiera que acabe en "-fobo"), usados con una ligereza terrible, abarcan toda realidad, lo designan todo, son nociones plurívocas que nombran cualquier cosa que no forme parte del Rollito de Ahora. Cualquier cosa. Qué triste. Es síntoma de que no hay ideas, de la debilidad del discurso, que además se sabe tal, y como no es capaz de argumentar, recurre siempre a descalificar ad hominem. Es producto del fracaso en las luchas materiales, que ha dejado como último recurso a la impotencia las luchas identitarias, enfangadas en nociones vaporosas y ambiguas, donde marca la pauta quien se posiciona de la forma más extrema y por lo general ridícula. Último recurso (supongo que constatar esto es lo que me convierte en un "facha") de una izquierda que no deja de perder batallas y presiente que va a seguir haciéndolo por mucho tiempo. Y por eso se enroca en su imago mística y exige adherencia absoluta e irreflexiva, impersonal; se convierte en una nueva Inquisición 2.0., que protagoniza linchamientos colectivos y cazas de brujas que no tienen mucho que envidiar al macartismo, con la diferencia de que lo hace entre los suyos. Viejas enfermedades que ahora retornan, aunque sea bajo apariencias muy "post-" y envueltas en jergas esquizoides. Es lamentable. Por ese camino, el de la Izquierda Folclórica, no se va a ninguna parte.


  alt="desencanto, caminos del logos"


Puedes encontrar mis libros
tanto en versión impresa como digital
(ebook, Kindle, PDF, etc.) en

https://www.amazon.es/D.-D.-Puche/e/B0196FXQPA/ref=dp_byline_cont_book_1https://www.smashwords.com/profile/view/puchedav

También en Iberlibro, Barnes & Noble   
y otras librerías online. 

https://www.facebook.com/CaminosDelLogos/https://twitter.com/puchedav?lang=eshttps://ucm.academia.edu/DavidPucheD%C3%ADaz

© David Puche Díaz, 2018.
Contenido protegido por SafeCreative.
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario