domingo, 21 de agosto de 2011

ALEGORÍA

En el verano de 2011 se reunió en Madrid un millón de jóvenes de las Juventudes Blancas Mundiales, en reivindicación de la raza blanca a la cual se sentían muy orgullosos de pertenecer. Durante varios días se celebró una serie de actos, absolutamente pacíficos todos ellos, en reivindicación de la raza blanca, la cual, según los asistentes y los organizadores del evento, se hallaba amenazada por la creciente cantidad de árabes, orientales y africanos en occidente, que amenazaban su identidad. Hubo fiestas, cánticos y música, alternados con diversos actos de reafirmación de la raza blanca y animados por la intervención de diversos líderes del movimiento de la raza blanca, que llamaron a la juventud blanca a sentirse orgullosa de serlo, así como a exteriorizar cuanto pudiera su condición en la vida pública y a combatir todo poder civil que pretendiera oponerse al predominio de la raza blanca (que según ellos estaba siendo "perseguida"), llegando si fuera necesario a la desobediencia civil a cuantas leyes fueran contra éste.

Hay que decir que no se produjeron incidentes, salvo algunos esporádicos protagonizados por pequeños grupos de árabes, orientales y africanos (¡cómo no!) que se acercaron a los pacíficos manifestantes a gritarles que eran unos racistas y cosas similares. Todos esos asaltos fueron convenientemente reprimidos por cargas policiales, aunque no se quiso darles más importancia de la que tenían deteniendo a ninguno de ellos.

Hubo toda clase de canciones y alabanzas a los líderes de la raza blanca, a los cuales los jóvenes juraron total adhesión de por vida y les aseguraron que, en los oscuros tiempos en que vivían, harían cuanto ellos les dijeran por la regeneración moral de la sociedad, absolutamente corrompida por la pérdida del poder de la raza blanca.

Durante esos días, las autoridades civiles pusieron a total disposición de los peregrinos blancos, que venían de los cinco continentes habitados, cuantas instalaciones públicas estaban a su disposición, así como les hicieron sustanciosas rebajas en los transportes públicos. Al final de las jornadas, los inversores privados que habían patrocinado el evento estaban muy contentos. Habían ingresado mucho dinero de las Juventudes Blancas, si bien hubo sectores de la sociedad (entre ellos muchos blancos que no estaban de acuerdo con la realización de las jornadas) que se quejaron de que esas ganancias eran privadas, pero se habían obtenido en gran medida gracias a un gran desembolso público.

Pues bien, creo que esta comparación no es inapropiada para explicar por qué a muchos las Jornadas Mundiales de la Juventud nos han parecido un acto, por utilizar un término suave, "invasivo", aunque mucha gente no es capaz de entender (lo sé) por qué otros nos sentimos molestos por su (nadie lo duda) pacífica, económicamente provechosa y perfectamente legal reunión multitudinaria.

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