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viernes, 19 de junio de 2009

VARIA

Escribir no es cualquier cosa… es una forma de revelar la verdad, de hacer algo, de construir mundo. El mundo no se asienta sólo sobre pilares materiales; los intelectuales y simbólicos no son menos importantes.

La cultura oral dio paso en su momento a la escrita, y ahora ésta a la cibernética. Pero en la cultura del "archivo" el texto no desaparecerá; sólo cambiará de forma. Hay que revaluar su naturaleza y posibilidades.

La hermenéutica: ejercer con los muertos la mayéutica socrática, el “arte de partear”. O, mejor que con los muertos, con sus textos.

Hay que huir de quien nos da la razón como de la peste, pues de ése nada podremos aprender. Quien en vez de confrontar sus opiniones con las contrarias, de modo que se obligue a argumentar y a encontrar el modo de convencer, prefiere ir siempre de la mano de los suyos y así, todos los días, "tener" razón, es un necio, por inteligente que se crea; uno puede fácilmente ser esclavo de las propias opiniones, precisamente porque éstas no han resistido la piedra de toque de la confrontación, del agón. En ello se basaba la práctica filosófica de Sócrates, quien odiaba el texto escrito, porque no te contesta, sino que sostiene siempre la misma tesis. Lo suyo era el diálogo, del cual finalmente surge la verdad (o puede surgir), que resulta ser algo intersubjetivo, algo que resulta del choque de opiniones, que obliga a todos a replantearse sus propios presupuestos.

El sistema produce todo lo que contiene. Lo produce y lo determina. La libertad no es otra cosa que no responder a los mismos principios por los que se rige todo lo demás, por ser algo, en cierto modo, heterogéneo. Eso significa ser heterogéneo: ser algo, hasta cierto punto, fuera de lugar, que no encaja con el resto. Pero hay que saber combinar esa heterogeneidad con la responsabilidad, para que no sea una mera huida de la realidad.

Llega un momento en que sólo lo sublime puede saciar la sed… aunque nuestra parte animal (si es que cabe llamarla así, si es que ha habido alguna vez tal cosa, y no es más bien la parte producida directamente por el orden material, por el capitalismo en este caso) reclame siempre lo bajo y vil. Hay que darle a ésta puntuales satisfacciones periódicas, para que no nos distraiga demasiado; pero lo elevado reclama al que ha escogido el camino del conocimiento.