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jueves, 3 de diciembre de 2009

SENTIDO

Que ahora tengamos muy claro, o al menos lo pretendamos, cómo se gesta el sentido, y que éste nunca es algo originario, sino un producto de relaciones históricas, ha llevado a la conciencia cínica que rige hoy a negar que haya sentido, precisamente por no haber uno único ni privilegiado. ¡Qué absurdo! No podemos negar nuestra condición, aun cuando la reconozcamos como una farsa, como un drama histórico sin solución de continuidad: y aquélla consiste ante todo en la creación del sentido. Cualquiera que entienda otra cosa de la lectura, por ejemplo, de un Nietzsche o un Heidegger (pues es en nombre de éstos, precisamente, que se quiere aniquilar el sentido), es que no ha entendido nada. Toda obra, intelectual o artística, tiene el doble imperativo de 1) denunciar el presente, mostrar su horror y fealdad; 2) buscar las posibilidades del hombre en el estado de cosas actual. La verdad y la belleza son señales de esa posibilidad, esto es, del sentido. El cinismo se queda gustosamente en indicar que todo es falso y feo, y que cualquiera que pretenda cambiarlo es un reaccionario, un iluso, o se cree mejor que los demás. Pero debería ser tarea de un pensamiento a la altura de su tiempo el destruir todas esas sonrisas cínicas.