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martes, 12 de enero de 2010

POSICIÓN ONTOLÓGICA

En el último período de su producción, Heidegger se replanteó el sentido que tendría una “superación de la metafísica”, que le parece ya inviable en sentido "literal", esto es, como un “nuevo inicio” histórico. La solución que queda, el “destino” que nos es dado, es permanecer en la metafísica. “Superarla” no puede ser, por tanto, “abandonarla” para dar paso a otra cosa, sino reparar en su esencia, “saber estar” dentro de ella, con la actitud (Stimmung) adecuada, a la que Heidegger frecuentemente se refiere como serenidad (un decir “sí” y “no” a la vez a lo que nos ofrece el mundo tecnificado moderno), un estado de espera y preparación. Su posición frente a la metafísica es lo que llama el “paso atrás”, esto es, una toma de distancia respecto de ella, como “despliegue de la pregunta conductora” por el ser, pero siempre desde su interior. Ése es el único sentido que aún puede tener un nuevo inicio; la superación (Überwindung) debe entenderse como una “torcedura” (Verwindung).

El pensar necesario para ese “paso atrás”, para elevarse a lo esenciante (el ámbito originario del ser) debe entenderse como un “rememorar” (Andenken). “Pensar” (denken an) es abrir un espacio a lo esenciante (al Wesensraum o “espacio esenciante” que es el “claro del ser”, la Lichtung) para que, expedito, pueda darse al hombre como acontecer. Abrir pensando ese espacio permite ejercerse la libertad (que debe entenderse como una “llamada” o “interpelación") de lo esenciante. Como señala Heidegger en La proposición del fundamento, su última gran obra, hay que comprender así ese espacio, que sólo el pensar abre, y ello dando un salto (Sprung) a lo originario (Ur-sprung), que nunca es algo dado y abierto de antemano. Dicho salto (no otra cosa es el “paso atrás”) va del fundamento (Grund) puesto por la metafísica a un suelo (Boden) originario, que sostiene incluso a aquél, y que no es otro que la libertad. En efecto, el ser no es “estructura”; es el libre acontecer que funda mundos históricos y modos de comprensión. Esto es incompatible con todo intento de “fundamentación” última de la pregunta por el ser (como la propia Fundamentalontologie del período de Ser y tiempo); no se puede superar el propio arrojamiento histórico y la comprensión del ser derivada de éste (la metafísica); hay que pensar dentro de las posibilidades que éste ofrece, a las que el hombre sólo puede, de un modo pasivo, responder. El ser posee un carácter epocal que interpela y exige al hombre desde su situación histórica.

Así pues, no se puede hallar un fundamento (Grund) para el ser porque éste es diferencia (que se despliega como la historicidad misma del hombre), y esto quiere decir “abismo” (Abgrund), fuga, libertad. La diferencia no “separa” al ser del ente, sino que ella es el ser mismo; en ello radica su esencia: en sobrepasar el ente, en darlo (wesen) y a la vez negarlo (nichten). El ser y la nada son "lo mismo" (das Selbst), dos modos de entender lo originario, la diferencia, que es el propio Ereignis, el acontecer del ser. Y es que llegado cierto momento Heidegger considera que seguir hablando del “ser” ya es usar un lenguaje metafísico; el nihilismo negativo, el “olvido del ser”, debe llegar hasta el final para que pueda haber un resurgir; pero ello exige superar la concepción misma del ser mantenida hasta ahora, disolverlo en la nada. Para que el ente sea, el ser no puede ser; el ser no es. Así, superar el nihilismo consiste en llevarlo hasta el final, hasta un “nihilismo positivo” (similar al nietzscheano, por más que Heidegger sostiene que Nietzsche permanece en el negativo); esto es, superar el pensamiento negativo del ser mediante un pensamiento afirmativo de la nada. De ahí que cuando Heidegger dice que “hay” (es) “algo” (el ente), en alemán “es gibt”, termine obviando el ser para quedarse con el es, con el “ello” que da, que dona lo ente.

Ésta es la última posición ontológica que ha alcanzado el pensamiento. Es discutible, ciertamente, si con ella se da un paso esencial más allá de donde lo dejaron Schelling y Nietzsche, los claros predecesores de Heidegger en este "pensamiento del abismo"; pero, desde luego, nadie ha retomado el hilo conductor del genuino pensamiento. El guante sigue en el suelo. A unos les da asco recogerlo; a otros, miedo.