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martes, 17 de agosto de 2010

NIETZSCHE (III)

Último párrafo de mi tesis doctoral:

[...] podemos señalar el punto en el cual Nietzsche dejó planteadas las genuinas tareas al pensamiento actual. El nihilismo no puede negarse, como si fuera un problema sólo teórico (pues sólo puede pensar así quien se enfrasca en problemas concretos y no tiene la amplitud de miras necesaria para ver el conjunto; el nihilismo es el medio en que vivimos, pensamos y actuamos, el elemento generador de todos los problemas de nuestro tiempo), ni podemos pretender retrotraernos –como hace el conservadurismo intelectual– a un momento anterior a él, recuperar una inocencia que, por lo demás, siempre estuvo perdida. El nihilismo debe afrontarse; pero ello no quiere decir que se pueda superar. Ya no es posible el nóstos, el regreso al hogar (MA 638). El nihilismo es la condición, si no del hombre en general, por lo menos sí del hombre occidental; en ese sentido, toda aspiración a su superación, a la “salud”, está vedada. Sólo se puede no estar enfermo estando convaleciente, reconociendo la enfermedad como enfermedad –«La enfermedad misma puede ser un estimulante de la vida: tan sólo se debe estar lo suficientemente sano para este estimulante» (WA 5)–; ésa es la condición de nuestro mundo. La comprensión última de ello, a la que Nietzsche intenta elevarse, constituye una nueva forma no sólo de pensar, sino de vivir y de entender la relación entre la naturaleza y la historia, entre lo “eterno” y “lo cambiante”, así como el sentido de los propios extremos –momentos ambos de la única realidad, el devenir–, mediados por la temporalidad humana. En esto, en realidad, es en lo que radica ya la buscada Selbstüberwindung, y no en una pretendida “salud” que sólo como ideal rector, contrafáctico, puede servirnos de referencia. El nihilismo no se puede superar; la única forma de “superarlo” es saber vivir con él, desarrollar una actitud (Stimmung) determinada hacia la «comedia de la existencia» (FW 1): «la gaya scienza», «la gran lógica» (WA 10). En ello ha consistido occidente –con diferentes nombres y aspectos; Nietzsche sería uno más de ellos– desde que hace dos mil seiscientos años apareciera la filosofía, bautizada en las aguas de la poesía griega. El hombre no puede superar el nihilismo; no aspiremos a ser otra cosa que hombres. Nuestra miseria, pero también nuestra grandeza, radica en que sepamos ser solamente eso. «Sólo somos hombres; ni dioses ni gigantes: sólo hombres».