Mostrando entradas con la etiqueta Nietzsche (II). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nietzsche (II). Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de abril de 2010

NIETZSCHE (II)

Dada la “inversión de los valores” (Umkehrung der Werte) en que se halla sumida la nihilista cultura occidental, Nietzsche llama a hacer una "transvaloración" (Umwertung), en la cual consistirá la realización del nihilismo activo, ese "contramovimiento" dentro del estancado mundo tardomoderno que debe recuperar un mundo para el hombre, esto es, propiciar la superación de la Weltlosigkeit en que éste se halla sumido. La transvaloración debe abrir nuevos horizontes de pensamiento, nuevas formas de experiencia, en una época en que ésta se encuentra agotada, saturada; en la época del "último hombre" ya no habría novedad, sino mera variación, permutación, repetición: una constante re-producción de lo mismo (la cual se corresponde con la "mala comprensión" del eterno retorno) que despierta el mayor asco (Ekel). La nueva forma de pensar daría lugar a un nuevo “estado de ánimo” (Stimmung), esto es, una forma diferente de relación entre los hombres y ante las cosas. Ofrece por tanto un nuevo “espectáculo del mundo”.

Ahora bien, el problema fundamental de la transvaloración es éste: se trata de subvertir las formas de valoración anteriores (es decir, los valores previamente “invertidos”), pero ello no puede significar el regreso a una "situación inicial" (un origen puro, natural), que en realidad nunca se ha dado (pues el hombre es esencialmente nihilista: todo origen está “contaminado”). Antes bien significa crear una nueva naturaleza humana, no recuperar una “ya perdida” que, en realidad, nunca existió, como muestran los análisis genealógicos. Se da así la situación paradójica de que la naturaleza humana es algo por crear, un proyecto "artístico". En realidad, tal naturaleza (con la que se pretende superar el nihilismo) ya no sería humana (el hombre siempre es nihilista), sino "suprahumana". El superhombre es el tipo humano que debe sustituir al hombre habido, para habitar la tierra de otra forma.

Así, más allá de la genealogía, que muestra que toda determinación (figura apolínea) es devenida, así como las condiciones históricas de su aparecer, con lo que juega un papel negativo, deconstructivo de la tradición y del pensar metafísico, Nietzsche reivindica ahora la sabiduría dionisíaca, que juega un papel positivo, constructivo. Lo dionisíaco es lo acorde con la voluntad de poder afirmativa, la única que puede superar el nihilismo; pero es algo que permanece, en cuanto tal, indeterminado. Semejante papel “positivo” es por tanto muy complejo, pues la fuente de tal positividad es lo indeterminado mismo, lo dionisíaco. ¿Cómo puede corresponder el pensamiento a lo dionisíaco, a eso indeterminado que debe dar medida a toda nueva valoración? La sabiduría dionisíaca muestra que toda formación debe sacrificarse al incremento de la fuerza, que la vida no aspira a conservarse, sino a superarse. De lo contrario, perece. La señal de la vida "sana" es la autosuperación (Selbstüberwindung), y ello implica (dado que todo cuanto hay es voluntad de poder) el conflicto. La libertad sólo se alcanza creando, pero para ello hay que destruir; es imposible componer armónicamente todas las libertades. Por ello, el mundo es trágico. Libertad y tragedia van de la mano. La vida exige el conflicto y la muerte; como decía Heráclito, "la guerra es padre y rey de todas las cosas". La sabiduría dionisíaca es, por esto, sabiduría trágica; liberación de todo horizonte teológico (no hay un orden superior a las partes en conflicto), aceptación de la hybris.